PONENCIAS AL II CONARMIZ


Sanación de la Ancestralidad Femenina como

Fundamento Político-Espiritual del Socialismo Feminista

 

Colectivo Espiral Feminista Revolucionaria

(Estado Lara)

 


 

Objetivos de la Espiral Feminista Revolucionaria durante el II Conarmiz:

 

*     Compartir conocimientos y vivencias para tejer redes sororales que favorezcan nuestro accionar en la sanación de la humanidad.

*     Intercambiar saberes ancestrales sobre la sanación de las mujeres que garanticen la organización, formación, convivencia y comunicación permanente.

*     Rearmar las piezas que hemos dejado en el camino, para construir y cumplir una Agenda Colectiva para la liberación de la humanidad.

 

 “Para un cambio real, necesitamos energía femenina

en la gestión del mundo.

Necesitamos un número crítico de mujeres

en posiciones de poder,

y necesitamos cultivar la energía femenina

 en los hombres.”

 Isabel Allende

 

I.- Principios y fundamentos, desde la visión del colectivo la Espiral Feminista Revolucionaria (EFR) para la sanación de la energía femenina en la construcción del Socialismo Feminista.

En el Colectivo la Espiral Feminista Revolucionaria, sustentamos nuestro trabajo en cinco principios, cada uno con sus correspondientes fundamentos. De estos, hemos traído los que creemos nos pueden acercar al planteamiento que queremos hacerles:

1.- Socialismo Feminista como política y modo de vida.

Fundamentos: visibilización de la mujer como sujeto histórico, para deconstruir el Capitalismo patriarcal.

2.- La Espiritualidad como política.

Fundamentos: visión sistémica de la vida según la dinámica espiral.

3.- El respeto a la ancestralidad como recuperación de la autonomía libertaria.

Fundamentos: La sanación de lo transgeneracional, como vía de liberación de

emociones atrapadas, en las etapas de la vida.

4.- El cuerpo de la mujer como espacio para la liberación.

Fundamentos: El camarada cuerpo, como espacio para la felicidad.

Con base en estos principios que nos guían: creemos en la factibilidad de resignificar lo femenino, para redescubrirnos como guardianas de la semilla ancestral, para evitar el arrebato del Capitalismo patriarcal; como mensajeras de la paz, ante la arremetida imperial; y sembradoras de la palabra libertaria, en una dinámica espiral que transforme las condiciones materiales y espirituales, para dar el salto cuántico hacia nuestra definitiva independencia.

Desde la Espiral Feminista Revolucionaria, concebimos la construcción del Socialismo Feminista, desde lo pequeño; como nos enseñara nuestra maestra feminista, Nora Castañeda, desde el espacio más cercano a nosotras, que somos nosotras mismas.

Creemos que es posible diseñar políticas espiritualmente factibles, desde cada hogar, cada escuela de la comunidad, desde cada organización; para lo cual necesitamos reconocernos como mujeres y hombres espirituales, en continuo accionar político transformador de realidades. Requerimos de maestras y maestros felices, alegres, creativos, practicantes de una educación para la vida, para fomentar en todos los ciclos de la vida, el amor al trabajo, al servicio, a la cooperación; para dinamizar relaciones de reproducción y producción equitativas y justas, desde la fuerza impulsora como poder colectivo.

Recordamos, junto a otras mujeres, nuestra enorme capacidad de restaurarnos de la opresión patriarcal capitalista, para construir el Socialismo Feminista; acompañándonos hasta lograr la transformación, desde nuestras propias raíces ancestrales, en sintonía con nuestra Madre Tierra, a quien reconocemos, desde la cercanía de nuestro corazón, como la primera mujer en este sistema y en comunión con los ciclos de la luna; hermoso cuerpo celeste que representa el poder femenino, y cuyas fases influyen en los ritmos biológicos de las mujeres.

Así, encontramos una nueva opción de sanación de la humanidad, en torno a la espiritualidad como política. Proponemos construir una estética feminista comprometida con el conocimiento de lo ancestral, desde la hermandad de mujeres, llamada sororidad. Esa sororidad, nos permite buscar, en el fondo de nuestra existencia, las raíces entramadas de un mundo de relaciones sin jerarquías opresoras, donde prevalezca una verdadera articulación, con conciencia política, que nos permita recuperar nuestra condición de sujetas sociopolíticas.

Nos concebimos como una unidad biopsicosocial, con diversos cuerpos que nos permiten vivir en esta existencia; siendo, nuestro camarada cuerpo, el aliado que nos permite retomar el avance, según los ciclos naturales que el Patriarcado y el Capitalismo nos han arrebatado de la memoria; y así recuperar la forma de relacionarnos , con todo en un tiempo en espiral, no lineal, que nos reconecte con la relación de respeto entre humanos y humanas, con la naturaleza; guardando sus frutos para el avío y no para la acumulación del capital. Esa, es una opción que nos compromete.

Nos metemos en aguas profundas y entendemos que, empezar por retomar la sabiduría de nuestras ancestras, nos permite curar las heridas que llevamos en nuestro interior y que han viajado con nosotras, a través del tiempo, dificultando nuestro Buen Vivir.

Creemos que, en este momento histórico, estamos cerca de lograr el sueño anhelado: recuperar la independencia y la autonomía libertaria, en una concepción de la vida en espiral, en continuo desarrollo; donde cada giro o vuelta descrita por nuestros pasos es una probabilidad de siembra y cosecha de la alegría y el amor universal.

El amor como estrategia, la alegría como táctica del día a día, para la liberación de la opresión y en contra del miedo inoculado en la humanidad, desde el poder dominador y castrador del derecho natural de vivir, de ser y estar, para lo grande, para lo hermoso, para lo útil.

Ø  El camarada cuerpo como espacio de opresión

Problema Fundamental: recuperar la independencia, la libertad y la autonomía libertaria, implica trascender las huellas de los dolores por las heridas ancestrales, para continuar por los caminos que andamos, al ritmo de los ciclos naturales; en especial, al paso de la luna, con la alegría y el amor, como equipaje; y nutriéndonos del pasado de nuestros ancestros y ancestras, resguardando la convivencia sororal.

Por todo lo que implica el transitar en la deconstrucción de las opresiones, necesario es movernos para sanar el cuerpo físico, así como el cuerpo mental, emocional y espiritual de la humanidad; para lograr otra forma de vida, partiendo desde la raíz, a fin de eliminar los efectos de las prácticas capitalistas patriarcales de ataque al camarada cuerpo; en especial de las mujeres, por ser espacio donde se materializan las heridas de la dominación.

Asimismo, parar la destrucción del agua, de la madera, del fuego y del aire; elementos naturales de la vida en nuestra Madre Tierra. La concepción androcéntrica del mundo -impuesta por el sistema capitalista patriarcal, colonizador, esclavizador y explotador- ha generado, históricamente, condiciones materiales y espirituales que han sumido a la humanidad en enfermedades, violencia y muerte; afincado en la destrucción de la naturaleza y de lo femenino. El cuerpo femenino usado como objeto sexual, manipulado por el machismo, como instrumento para oprimirnos; modelado como al Capitalismo le ha interesado.

Ø  Sanación de la Ancestralidad Femenina

En la conformación de la estructura humana en la Tierra, se manifiestan dos energías, tanto en hombres como en mujeres: la masculina y la femenina. Ambas energías fluyen y viven en cada ser humano. La energía femenina es la fuerza de la transformación, es una energía ligada al corazón, nos conecta al espíritu y es, desde esa conexión, que la humanidad será sanada.

Históricamente, se ha enmascarado y rechazado lo femenino, y confundido con debilidad, como una estrategia para ocultar lo terriblemente poderoso, que es para la dominación imperial, el despliegue de su fuerza. Se ha inoculado miedo en lo femenino, para suprimirlo.

Las mujeres hemos acumulado vergüenza por ser y sentirnos mujeres, por encarnar lo femenino, sentimos que hay algo en nosotras que debemos rechazar. Es el “programa”, la memoria ancestral de "lo femenino es debilidad, no merecimiento".

Como resultado, los hombres no pueden relacionarse con sus lados femeninos, por lo que lo suprimen, lastiman, rechazan; están sometidos a tanta presión, que no se permiten sentir, aceptar su sensibilidad o vulnerabilidad.

Al igual que nosotras las mujeres rechazamos nuestro femenino, porque la programación inconsciente es esa. Aprendimos a odiar nuestros cuerpos, por no ajustarse al modelo de belleza capitalista patriarcal. Pero, a pesar de lo terrible de tales ataques, la energía femenina está resurgiendo en todos nosotros, como el Ave Fénix.

Sobre la mente y el cuerpo físico de las mujeres, y con gran saña, sobre nuestros úteros, han sido perpetradas heridas; haciéndonos olvidar nuestra particular y sanadora forma de movernos en círculos, que permite de manera natural a la energía kundalini ascender en nuestro interior; bloqueando la capacidad de sentir.

Tales heridas han dañado la energía femenina, y entendemos que sanar lo femenino es reparar las heridas ancestrales, amar todas las cualidades femeninas e integrarlas con las masculinas.

Existen tres centros de información que nos conectan con el poder transformador, estos son: el cerebro, el corazón y el útero. Para que las mujeres podamos acceder a la energía del corazón, asiento de la esencia, debemos sanar el vientre, nuestro caldero; y el cerebro, asiento de nuestras creencias; para curar las heridas ancestrales de lo femenino.

Necesario hacer consciente lo que permanece oculto, sólo así se podrá liberar esa herida de dolor y rencor, para sanarse, liberarse; y no seguir atada a lo masculino, en este mundo androcéntrico.

Sacar a la luz todo lo que estaba antes oculto y que no podía verse, es un trabajo de liberación de la energía atrapada, a través de las historias del sistema familiar; y que el mundo deje de girar en torno a lo masculino.

Mientras no sanemos, estaremos atadas a un pasado doloroso, repitiendo una y otra vez experiencias de desamor, que operan a nivel inconsciente.

Ø  Centros de Poder de las mujeres y el Arquetipo de la Diosa

El vientre, el corazón y el cerebro de las mujeres deben ser sanados, para que emerja su fuerza, su poder, y así se puedan integrar las partes rotas, que subyacen en el fondo de su subconsciente; así como en la trama del subconsciente colectivo.

El poder femenino es un arquetipo poderoso que está esperando por ser liberado, es la Diosa que se manifestará con libertad, cuando se limpie, a nivel celular, la herida de siglos de dominio patriarcal que ha herido y deshonrado a la Diosa.

La energía femenina liberada transforma a las mujeres en dueñas de su vida, sin ataduras, sin cautiverios; con la sensibilidad y misterio lunar como herramienta para la transformación de nuestras vidas. Con ese poder, que es la Diosa interna que palpita en el interior de cada mujer, podremos hacer consciente, lo que inconscientemente ha dirigido nuestras vidas.

Más allá de la relación con la propia madre, las mujeres debemos comprender que lo femenino arquetípico transciende la madre física; que es posible conectar con la energía de la madre, a través de la Tierra; y, también, a través de la comunión con otras mujeres.

Es hora de pasar de la resistencia a la vivencia de liberación, pues, es el camarada cuerpo, instrumento de lucha libertaria; para lo cual se nos presenta la posibilidad de despatriarcalizarlo y descolonizarlo, como opción sanadora del corazón, vientre y cerebro de la mujer guardiana de la vida; y así, avanzar en la tarea de romper con los machismos que evitan que los hombres se expresen como seres cálidos y comprometidos con la existencia misma, en una relación libre de subyugamiento y opresión.

Con una conciencia elevada y sabiduría espiritual, las mujeres buscamos “mover la cadenas que nos oprimen”, como decía Rosa Luxemburgo; siendo mediadoras del espíritu, para lo bueno y para lo grande; construyendo relaciones de vida, de amor; sanando y sanándonos.

Ø  Propuesta de Sanación

Partimos de los aportes de la mecánica cuántica, que nos permiten entender que una mente cuántica tiene plena conciencia de que todo lo que experimentamos está en relación directa con lo que se proyecta al campo cuántico. Con esta nueva perspectiva de sabernos parte del todo, comprendemos que, en el desarrollo de la vida humana, todas las experiencias son grabadas en la mente; así que las heridas ocasionadas a nuestras ancestras vienen en la mente inconsciente, viajando a través del sistema familiar, y transmitidas de generación en generación, desde los programas inconscientes que se pueden activar en cualquier etapa de nuestra existencia; desde la fecundación, gestación, nacimiento, hasta cualquier momento de la vida, conformando un campo cuántico y determinando nuestro sistema de creencias.

Proponemos entre las posibilidades sanadoras:

- La Biodescodificación: una técnica que permite viajar al inconsciente, para identificar los eventos ocurridos y eliminar las programaciones grabadas, cambiando creencias y valores, pues, son ellos los que determinan nuestra forma de ver y entender al mundo. Tiene como fundamento: la Nueva Medicina Germánica del doctor Hamer, quien con su trabajo sobre el desarrollo de relés en el cerebro, en cada aparición de enfermedades físicas o dolencias emocionales, logró realizar una topografía perfecta de las zonas cerebrales responsables de la gestión neurológica,  según el tipo de conflicto biológico. Así desarrolló una lectura, casi exacta, de las señales que los conflictos dejan en el cerebro. Es un método maravilloso para diagnosticar un conflicto.

-La programación neurolingüística (PNL), para transformar nuestra manera de hablar, provocando nuevas conexiones neuronales, hasta conformar nuevos códigos lingüísticos que favorezcan la palabra libertaria y se transforme la manera de pensar.

-Análisis transgeneracional, como estudio de los programas heredados de nuestros ancestros. Los programas ancestrales guardan una estrecha relación con las desarmonías; tanto físicas, como mentales y emocionales, de las personas.

La propuesta de sanación parte del estudio del árbol transgeneracional, para buscar los conflictos estructurales que, según la epigenética, son los responsables de la repetición de situaciones físicas, mentales y emocionales, de generación en generación; y transmitidas, fundamentalmente, por línea materna, cinco generaciones atrás y adelante.

Asimismo, el estudio de los conflictos programantes, instaurados como Proyecto Sentido, desde los conflictos emocionales que vivió la madre, durante la gestación del hijo o de la hija; hasta los primeros tres años de la criatura. Así como, también, el estudio de los conflictos desencadenantes en el momento presente, que vuelven a mostrar un conflicto para su resolución.

Y por último, proponemos:

Conformar redes de apoyo sororal, como espacios femeninos en espiral, para apoyarnos en la convivencia necesaria, en momentos de crisis y de paz; desarrollando estrategias de apoyo y vinculación, donde nos conectemos con la energía sanadora que nos ofrece la luna, para caminar a su paso; compartiendo rituales para sintonizarnos con su vibración, unir nuestros propios ciclos biológicos, generando sanación física, emocional y mental.

Muy a pesar de las pretensiones imperialistas patriarcales, la energía femenina está sanando y resurgiendo de sus cenizas, como el Ave Fénix; esperando que tanto mujeres, como hombres, nos conectemos con ella y volvamos a ser niñas y niños plenos de amor y libertad.

 

 


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Afrodescendencia y Discapacidad:

Explorando la simultaneidad de las opresiones múltiples de las mujeres



Diónys Cecilia Rivas Armas y Judith López Guevara

(Frente de Mujeres Argelia Velásquez Carrizales)


El Feminismo es el pensamiento crítico que cuestiona el poder patriarcal, propone y conduce cambios desde la acción colectiva y militancia política, frente a la trama compleja de relaciones sociales de dominación y opresión, derivadas del género. Desde esta mirada, para Alba Carosio (2010):

 

El feminismo (o los feminismos) es un conjunto de pensamiento crítico y acción política que se opone a visiones del mundo que excluyen la experiencia de las mujeres, su invisibilización o inferiorización, implica la participación de las mujeres como sujetas de derechos y con el valor de la crítica a la jerarquía, y batalla por cambios culturales, normativos, simbólicos y lógico-políticos (p. 14).

 En este sentido, considerando al Feminismo como idea, espacio de lucha y filosofía política, que a partir del Siglo XIII propone cambios ideológicos, intelectuales y afectivos, contra la opresión y para la transformación social, se explorarán los aportes de las feministas latinoamericanas y caribeñas que, en su esencia, han mostrado una crítica histórica y personal al poder patriarcal.

De esta manera, esbozaremos algunas presuposiciones analíticas y desafíos que deben incorporarse en la teoría feminista, desde las contradicciones sociales de las mujeres; y, en especial, la trama compleja de opresión y subordinación que sufren las mujeres afrodescendientes y con discapacidad, víctimas de la colonialidad del género[1] y del poder[2].

     A continuación, algunos aportes y preocupaciones desde nuestras mentalidades, emocionalidades y subjetividades:

1.   Problematizar la condición de etnia (raza) y discapacidad, ya que complejizan las demás relaciones sociales de poder, dominación y opresión.

2.  Considerar la intersección de las múltiples identidades, desde las complejas realidades de la vida cotidiana y experiencias de las mujeres afrodescendientes y con discapacidad, considerando las particularidades del territorio.

3. Reflejar las experiencias y especificidad de las vidas de las mujeres afrodescendientes y con discapacidad, para promover un activismo social coherente y de vanguardia, frente a una teoría feminista hegemónica.

4.   Impulsar la articulación del activismo político y la producción intelectual feminista en compromiso con el cuestionamiento del poder, en las relaciones sociales que sujetan a las mujeres afrodescendientes y con discapacidad para redefinir y resituar sus preocupaciones y emotividades.

5.    Desmontar los discursos feministas que pretenden una homogeneidad de las experiencias de las mujeres sin considerar la condición y subjetividad de las “mujeres negras”, afrodescendientes y con discapacidad.

6.    Insistir en la discusión sobre las esferas públicas y privadas, desde la perspectiva de raza y discapacidad, lo que implica reconfigurar la significación del hogar y sus espacios de intimidad, el cual se convierte en un refugio físico y psíquico, desde las prácticas de opresión y discriminación en el entorno externo que viven las mujeres afro y con discapacidad.

7.   Reivindicar la lucha por la liberación sexual y disfrute del cuerpo de las mujeres afrodescendientes y con discapacidad, en cuanto al acceso a métodos anticonceptivos que les permitan relaciones sexuales libres, y gozar de autonomía, en cuanto a decisiones de su cuerpo, maternidad, sexualidad y parejas sexuales.

8.  Construir la genealogía del Feminismo, considerando la historia de “todas las mujeres” en muchos lugares- tiempos, con intereses, deseos y preocupaciones diversas.

9.   Crear espacios de diálogo con las masculinidades: incorporar, como estrategia política inclusiva, la lucha con los hombres negros, afrodescendientes y con discapacidad.

 Desde las ideas y aportes de las feministas latinoamericanas, caribeñas, negras, autónomas, comunitarias, indígenas: Alba Carosio, Ochy Curiel, María Lugones, Violet Eudine Barriteau, Francesca Gargallo, Patricia Hill Collins, Julieta Paredes, entre otras, las mujeres como coalición orgánica debemos: Revitalizar la propuesta emancipatoria del Feminismo descolonial, que supere la visión etnocéntrica y eurocéntrica, dando lugar a las expresiones, deseos, creaciones y acciones, de todas “las voces”; partiendo de nuestro reconocimiento como mujeres dentro de nuestras diversidades, particularidades, significaciones, narrativas, territorialidades y corporalidades. Por tanto, implica abrir espacios de discusión y reflexión con nuestros propios discursos, experiencias, prácticas y aportes feministas que cuestionen una teoría feminista hegemónica y la deconstrucción de la teoría feminista occidental.

Como lo señala Magdalena Valdivieso (2014): “…a desarrollar un feminismo del sur, a dialogar con las feministas de las naciones originarias, a escuchar otras narrativas” (p. 28); y así articular estrategias de resistencia, hacia la reivindicación de nuestra “identidad política y cultural”.[3] 

     Las luchas de las mujeres pasan por el reconocimiento de las formas particulares de opresión por razones de raza y discapacidad, que se ponen de manifiesto en la vida cotidiana y se interconectan con las perspectivas de clase, género y sexo. La resistencia y lucha de las mujeres afrodescendientes y con discapacidad alimentan un feminismo multicultural, multirracial y contrahegemónico, frente al culto estético de socialización del cuerpo para el placer, la procreación y la cosificación.



[1] De acuerdo al análisis de la investigadora María Lugones (2010): “la colonialidad del género sigue estando entre nosotros; es lo que yace en la intersección de género/clase/raza como constructos centrales del sistema de poder del mundo capitalista” (p. 109).

[2] Aníbal Quijano (1991): “…entiende la colonialidad del poder como la forma específica que toman la dominación y la explotación en la constitución del sistema mundial capitalista del poder. Se refiere a: la clasificación de las poblaciones del mundo en términos de razas—la racialización de las relaciones entre colonizadores y colonizados-”.

[3] Crítica a la universalidad, a lo general, a lo monolítico, a lo etnocéntrico y heterocéntrico, legados de la Modernidad y colonización.

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El Necesario Equilibrio entre Resistir 
y Revolución

 

 Alejandra Laprea

(La Araña Feminista)

Extracto:

La crisis, la situación de guerra no convencional, han hecho, hoy más que nunca, de la cotidianidad un ámbito de toma de decisiones políticas contantes, donde las mujeres asumen todo el peso de las decisiones y su ejecuciones.

¿Cómo hacer que la crisis no recaiga, solamente, sobre los hombros de las mujeres, cómo hacer que no sea utilizada para detener las conquistas del Feminismo y hacerlas retroceder?

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Una tarde de febrero de 2014, mi hijo de 11 años me pregunta, con la picardía de los niños que no les gusta mucho el colegio, si al día siguiente iba o no a clases. Esto no parece una gran decisión, a menos que se esté viviendo el plan de la oposición venezolana, “La Salida” y las guarimbas.

Esa tarde levanté la vista de lo que hacía en la cocina, pensé un momento, le dí la cara  a Ian y le dije: “Claro que vas a clases ¿por qué no?”.

Mi compañero, peló los ojos y me llamó a parte:

- “Estás loca, ¿cómo vas a llevar al chamo al colegio?  

Yo, sin dar mucho espacio a la argumentación, le contesté:

-Mientras se pueda, los muchachos van al colegio. Eso es lo que quieren ellos, acabar con la normalidad, y yo no les voy a dar el gusto.

La oposición venezolana, una vez más, ese febrero, había decidido acabar con la Revolución Bolivariana y estaba ensayando otra estrategia. Tenían las calles tomadas con barricadas de basura que, en las noches ardían y en el día humeaban; había cortado calles, levantado alcantarillas, etc. La idea era que quienes estuvieran, o no, de acuerdo, se quedaran en sus casas para levantar el discurso mediático de un país parado y anti Maduro.

La nueva estrategia para derrocar al Gobierno no estaba dirigida al “poder”,  estaba dirigida a  trastocar la vida cotidiana, el mercado, el colegio, el ir y venir de las gentes comunes. A la distancia que da el tiempo llego a la conclusión de que esta estrategia, al igual que la Guerra Económica, no es para tomar el poder, sino para que el pueblo se los entregue. Es por esto que, cuando esa tarde decidí llevar a Ian al colegio, tomé una decisión política y  sé, y sabemos, desde entonces, que toda decisión doméstica y cotidiana en mi país es un tomar posición entre quienes queremos la revolución y quienes no.

Fue doloroso tener que decirle a mi hijo qué hacer en caso de  disturbios o arremetidas violentas contra la escuela, cómo resguardarse dentro del salón de clases. Explicarle porqué tuve que dar mil y un rodeos para poder llegar al colegio.

No fui la única esa mañana. Otras madres nos encontramos en la puerta del colegio, que las maestras habían decidido mantener abierto.

Se dice que las crisis capitalistas recaen en los hombros de las mujeres, pero, está visto que, no sólo en el Capitalismo, en un contexto revolucionario, también, las crisis y las resistencias recaen sobre las mujeres.

En el Capitalismo las crisis son utilizadas para justificar la pérdida de derechos de las mujeres, la precarización de su trabajo, la re-adjudicación de tareas de cuido de personas dependientes cubiertas por el sistema de asistencia social o educativo, perdida de autonomía económica, aumento de las violencias, perdida de territorios, entre otras formas de disciplinamiento o expropiación de los cuerpos de las mujeres y su fuerza de trabajo que, en definitiva, mantienen o fortalecen estructuras sociales, de familia, de producción y reproducción, que garantizan la supervivencia del sistema que nos oprime.

Las venezolanas en la Revolución Bolivariana hemos puesto el cuerpo. Sin temor a exagerar, las venezolanas son las motores de estrategias medulares en  el nacimiento del nuevo Estado revolucionario, como los consejos comunales.[1].

Las venezolanas hemos emprendido procesos hermosos de reapropiación tecnológica, como es el procesamiento del maíz, desde la semilla hasta la arepa, que se había perdido en las manos de la harina precocida y las Empresas Polar. 

Hemos asumido, de forma revolucionaria, la introducción de otros alimentos en la dieta y aceptado el reto de innovar, y ahora no sólo comemos arepas de maíz, sino que las hacemos de auyama, yuca, batata y otros tubérculos o raíces. 

Ante la escasez nos hemos atrevido a asumir procesos industriales, como el de fabricación de jabones para nuestros hogares o comida para animales domésticos. En definitiva, hemos ido haciendo de cada acción cotidiana una decisión política de resistencia revolucionaria.

En este contexto de resistencia, no podemos obviar que este protagonismo está cargado de un exceso de trabajo y en un estancamiento en  la obtención de derechos y,  en algunos casos, en retrocesos en los mismos. Aquí es cuando tenemos que aceptar que, al igual que en el Capitalismo, en revolución las mujeres sostienen la crisis sobre sus hombros.

Y, ante la pregunta de ¿por qué? sólo encuentro como respuesta que aún en revolución  el sostenimiento de la vida, las tareas de cuido, la reproducción, sigue siendo absoluta responsabilidad de las mujeres, y esto no está siendo cuestionado.

En los discursos políticos, aunque el trabajo de las mujeres no es completamente invisibilizado, es común asumir como un hecho natural que este sea “desinteresado”, donado en virtud de las abnegada capacidad de dar de las venezolanas; somos las “super madres de la revolución”.  Es decir,  nuestras decisiones políticas, nuestra resistencia, se sigue naturalizando; sigue siendo inmanente a nosotras y a la maternidad, no a “decisiones y acciones políticas, en sí” que conlleve al merecimiento de derechos o espacios dentro del poder. Son frecuentes frases como:

“Yo llamo a todas las mujeres venezolanas a luchar, a organizarse y a trabajar por sus hijos con ese amor, con esa gran capacidad de lucha, de crear y de construir y de parir que tienen las mujeres…” (Comandante Chávez en Programa De frente con el Presidente, Venezolana de Televisión, 2 de septiembre de 1999).

Si bien, nuestro trabajo en las comunidades, en las bases de la revolución, es alabado; sigue siendo tratado, como diría Silvia Federici, como un recurso natural. Las mujeres seguimos siendo un bien común de la sociedad, lo que hacemos no tiene que ser retribuido y nuestro valor sigue siendo tazado en torno a la maternidad.

Las organizaciones feministas revolucionarias hemos visto, en reiteradas oportunidades, cómo nuestras demandas han sido postergadas bajo la excusa de las coyunturas políticas o eventos electorales. El ejemplo más resaltante tiene que ver con los derechos sexuales y derechos reproductivos, especialmente lo que tienen que ver con la despenalización del aborto, para lo cual se han presentado propuestas par la reforma del Código Penal en 2004 y 2010; para la agenda parlamentaria, en 2005; se han ejercido derechos de palabra ante la Asamblea Nacional, en 2004 y 2010. En todas esas oportunidades, de forma extra oficial, hemos recibido llamadas que nos piden paciencia y comprensión de la coyuntura y lo que significaría, en ese contexto, el impulso de la despenalización. En todas las ocasiones anteriores, las propuestas han sido engavetadas, discretamente. 

Actualmente, las feministas revolucionarias estamos impulsando el Derecho a Decidir sobre nuestros cuerpos, en el nuevo texto constituyente. Nos hemos rebelado, ante el “ahora no es momento”, "es un tema que divide” o “un tema delicado”; pues, nos hemos dado cuenta de que los temas de las mujeres, siempre, son “delicados”. Lo son, porque tocan estructuras profundas del Patriarcado y el dominio sobre las mujeres, sus cuerpos y fuerza de trabajo; que, en un país acechado, nunca va a haber un momento ideal; y que la revolución sólo se consigue con más revolución y esta sólo es posible tocando lo más profundo de las bases del sistema que nos oprime; es decir: el Patriarcado.

Si bien, en revolución se han implementado planes que benefician, especialmente, a las mujeres, como lo son Hogares de la Patria o el Programa de Parto Humanizado; estos están estrechamente unidos a la maternidad; y reivindicaciones como la paridad política, por la que el movimiento feminista viene luchando desde el siglo pasado, han sido, una y otra vez, aplazadas.

En los años de la Guerra Económica, hemos visto cómo la participación política en los cargos de elección y  la participación de mujeres en el Poder Ejecutivo han disminuido.

En el informe Desde Nosotras, esfuerzo del colectivo Entrompe de Falopio, se señala que, en los años de la Guerra Económica, de la crisis, la presencia de mujeres en el Poder Ejecutivo se ha venido reduciendo. El ultimo gabinete del presidente Chávez contaba con 13 ministras, de un total de 31 ministerios; para octubre de 2018, sólo habían ocho ministras, en los 33 ministerios del Gobierno revolucionario.

Igualmente, en los cargos de elección pública, la revolución está lejos de alcanzar la paridad . En la actualidad, sólo 22% de las gobernaciones está en  manos de mujeres, y en una institución emblemática como lo es la Asamblea Nacional Constituyente, sólo el 23 % son mujeres. 

Los intentos por establecer normas que garanticen la participación de las mujeres y otros colectivos excluidos han recibido una vieja excusa: “no hay que dividir, es momento para la unidad”. También, hay que decir que en los 20 años, ninguno de los partidos de la revolución o de la oposición ha presentado listas de candidaturas paritarias y con alternancia; y, por tanto, han incumplido dos resoluciones del Centro Nacional Electoral (incumplimiento que no conllevó sanción, puesto que no las preveía). Estos incumplimientos, tampoco, les impidió usar en sus discursos políticos y maquinarias electorales a las mujeres, sus luchas e, incluso, al Feminismo.

La economista y miembra fundadora del Partido Comunista venezolano, Olga Luzardo, hace unos años, en una entrevista me decía que ante una crisis, la primera respuesta es la de la ideología dominante. El pensamiento hegemónico está sustentado sobre un sentido común que nos dice cómo actuar, que es lo lógico o natural, nos nutre de juicios y prejuicios, razones “lógicas” y criterios. 

A través de él,  organizamos el mundo, nuestras relaciones entre humanos y con las instituciones. Como acota García Linera, en su intervención en Clacso  (20 de noviembre de 2018) no es una fuerza conservadora, todo lo contrario, es un sedimento conservador y reproductivo del sistema que combatimos.

García Linera, en la intervención Clacso mencionada, aseguró que la política es la lucha por el sentido común, o la transformación del sentido común y que, en ese sentido, las propuestas que han surgido en el continente han fracasado. 

Yo me pregunto si, realmente, hemos planteado esta disputa que se da más allá de lo material, que se da en el orden simbólico de la vida. Y ¿cómo plantearla si estamos tan abocadas y abocados a resistir? ¿Cómo superar la digna resistencia, rebelarnos y hacer la revolución?

En Venezuela, es indudable, que el sector de mujeres populares ha tenido avances. La misma visibilización de su existencia es muy importante, pero, aún nos queda analizar a profundidad los mecanismos que el sentido común  del hegemón ha puesto en marcha para reproducirse y adaptarse, y frenar o evitar la revolución socialista y feminista que nos propusimos como proyecto de país.

Uno, claro, es el uso de la crisis para frenar avances y luchas, en nombre de un bien común donde no están contemplados nuestros derechos, mas allá  como reproductoras de la vida. Otro, es la postergación de cuestionamientos de privilegios de género en la política y la sociedad.

Es necesario rebelarnos ante la Guerra Económica y las diferentes formas de sanciones que se imponen a los gobiernos insumisos, como una estrategia que busca que las mujeres y los hombres del pueblo revolucionario entreguemos el poder por hambre; que busca recanalizar la frustración que acumulamos durante décadas, y quizá siglos; y que, finalmente, da como resultado  la Revolución Bolivariana. Y, esta rebelión implica tener fuerza para cuestionar, desde adentro, cómo reproducimos el sistema capitalista, machista y colonialista. Implica conseguir las grietas en la narrativa dominante, sembrar nuevos hilos narrativos, poner semillas de un nuevo sentido común que, al igual que a la semilla que cae en una rendija entre las piedras, crece hasta  pulverizarla.

Hoy, más que nunca, tenemos que ser radicales e ir a la raíz. Subvertir, hasta pulverizar, el modelo que reproduce la división social del trabajo, que deshumaniza a las mujeres o las infantiliza, hasta el punto de quitarle el Derecho a Decidir sobre su propio cuerpo, y escudarse en ello para no garantizar sus derechos políticos. Ahora, más que nunca, debemos buscar un equilibrio entre la resistencia y hacer la revolución.

[1] Según diversas publicaciones el 70% de los consejos comunales está liderado por mujeres. Véase: https://www.telesurtv.net/multimedia/Que-son-los-consejos-comunales-en-Venezuela20160408-0076.html

 

 



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