PRONUNCIAMIENTO MARZO 2021
Desde este espacio de articulación entre mujeres de diversas organizaciones, territorios y militancias, queremos llamar al movimiento feminista de Colombia, Venezuela y la Patria Grande, a enfocar sus miradas, pensamientos y praxis, hacia las víctimas invisibilizadas de la historia: nuestras mujeres campesinas, trabajadoras, sustentadoras de hogares, defensoras de territorios y cultura, a quienes la guerra siempre victimiza.
La muerte violenta de dos integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), ocurrida en el estado Apure de Venezuela, y el consecuencial desarrollo de un escenario de guerra que aún se mantiene, está afectando seriamente, tanto la estabilidad, salud física y emocional, como la economía de subsistencia del conjunto de mujeres, niñas y niños que habitan los pueblos involucrados.
Duelen las imágenes de nuestras hermanas, corriendo hacia el río con sus hijas
e hijos, apenas con los pocos pertrechos que tuvieron a mano, para
recorrer el camino del refugio masivo en territorio vecino, que es el natal
para muchas de ellas y de donde habían tenido que salir huyendo, anteriormente,
por la violencia del Estado neogranadino. "Esto es un dejavu", oímos decir a una compañera que ha vivido de cerca el
desplazamiento forzado, en más de una ocasión.
Entre las
mujeres de Apure que se vieron obligadas a desplazarse, y/o redesplazarse, se
encuentran fundadoras del Conarmiz, con quienes nos encontramos en abril
de 2017 en Falcón, durante el Primer Congreso Articulador de
Mujeres de Izquierda (Conarmiz); ellas atravesaron valientemente el país,
agredido, en ese entonces, por violentas guarimbas, generadas por la derecha
nacional; llegaron a levantar su voz y compromiso por la "Transformación
Económica, la Justicia Social y la Paz", lema del Conarmiz. Ahora,
nosotras debemos atravesar las barreras del distanciamiento físico que obliga
la Covid-19, y las fronteras nacionales que nos impuso la invasión europea,
para levantar nuestra voz y firmar el compromiso de trabajar por la restitución
completa e integral de las garantías sociales, políticas y económicas; así como
por el fin de las causas que motivaron los terribles días de Apure.
Debemos
izar la bandera de la Paz Binacional, que pasa indiscutiblemente por el cese de
la guerra en Colombia que, hoy, alcanzó a Venezuela.
La responsabilidad del Gobierno de Colombia en este escenario debe
quedar clara, pues, lo que centra su política es la negación a implementar el
Acuerdo de Paz y la declaratoria de guerra contra el Gobierno legítimo de la
República Bolivariana de Venezuela. Ambas directrices son responsables de los
hechos que incendiaron nuestros pueblos del Apure, donde el alma de las
familias, las mujeres, está llorando víctimas fatales y sufre el temor de la
repetición, a mayor escala, de situaciones similares. Para más gravedad, el
Gobierno neogranadino está manipulando descaradamente el dolor de nuestras
familias desplazadas, para aparecer como benefactor y repuntar en encuestas
amañadas, ofreciendo respaldo a la población migrante venezolana, a quienes
hasta hace pocos días había negado, incluso, el derecho a la vacuna contra
el Covid-19.
En ese sentido, saludamos las medidas anunciadas desde el Gobierno
Bolivariano para la restitución de la normalidad en los pueblos afectados y el
retorno de las familias desplazadas. Asimismo, valoramos la presencia de la
Fiscalía General de la República y de otras instituciones encargadas de
proteger a la población civil y de procesar denuncias que voces de mujeres han
formulado, como el caso de los jóvenes de la familia Remolina, por quienes se
espera esclarecimiento.
También, reconocemos el abrazo hermano de mujeres y hombres de Arauquita, Colombia, quienes brindaron apoyo a nuestra población refugiada en ese terruño. Sin embargo, sabemos que se necesitan grandes acciones de sororidad continental para atender las diversas afectaciones sufridas por el pueblo mujer en esta contienda.
Sumemos fuerza a la instrumentación de los programas sociales que anunció el Gobierno de Venezuela para las familias damnificadas de Apure. Impulsemos una brigada que atienda la afectación psicológica de niñas, niños y adolescentes, perturbados por miedo, angustia, tristeza y desconcierto, tras los bombardeos, explosiones, desplazamiento y pérdida de seres queridos. Igualmente, urge un despliegue de prevención y atención de la Covid-19, ya aparecieron casos de contagios entre personas desplazadas.
Incorporémonos
a la lucha por la Implementación del Acuerdo de Paz en Colombia, porque es un
instrumento potencial para terminar con la violencia, como medio de resolver
los conflictos políticos, y es definitorio para combatir las economías
ilegales, sustentadas en el narcotráfico, la trata de personas y la explotación
sexual de niñas, niños y mujeres. Si no se cumple con el Acuerdo de Paz,
Venezuela y el continente van a seguir siendo víctimas de diversas formas de
violencia que el belicismo estadounidense fomenta, para alimentar su economía
armamentista, con la sangre y cuerpos de nuestras hijas e hijos. Hoy es Apure,
mañana será cualquier otra región limítrofe.
La Paz
Binacional urge. Las mujeres no queremos más guerras. La Soberanía de Venezuela
tiene que ser respetada y el Acuerdo de Paz en Colombia debe ser implementado.
¡Qué nunca más nuestras familias
crucen los ríos con los ojos nublados y los labios llorosos¡ ¡Qué cuando
volvamos a cruzar los ríos llevemos una sonrisa en la mirada y un horizonte en
los labios!
¡Qué
nuestra historia se preñe con una Gesta Feminista por la Paz Continental!
¡Juntas somos más!
Congreso Articulador de Mujeres de Izquierda
(Conarmiz)

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